La historia del oficial penitenciario que al practicar kitesurf naufragó en el mar y estuvo dos días perdido
La Plata, 12/01/26.- Facundo Medina tiene 44 años e integra el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) desde el año 2001, cuando ingresó a la Escuela de Cadetes para iniciar la carrera de oficial, y fue protagonista hace casi 20 años de una experiencia extrema como naufrago en el mar.
Actualmente, con la jerarquía de Prefecto Mayor del escalafón cuerpo general, Medina cumple funciones en la Unidad 51 Magdalena. El oficial nació en La Plata y residió en los barrios Meridiano V y Los Hornos.
El oficial penitenciario fue protagonista hace casi 20 años de una historia extrema: mientras practicaba el deporte kitesurf en las playas de Punta Rasa, en San Clemente, giró el viento y se lo llevó mar adentro, y quedó perdido y a la deriva por casi dos días.
A casi 20 años del milagro
La experiencia desafiante y milagrosa comenzó el miércoles 27 de diciembre de 2006, entrada la tarde. Facundo junto a seis amigos ingresaron al río y elevaron sus velas.

Medina recordó este lunes los detalles de aquella situación. “Eran cerca de las 17 y el viento cambió de manera inusual y rápida. Enseguida me llevó hacia el mar a gran velocidad”.
Facundo se había iniciado en la práctica de kitesurf un par de semanas antes. “Recién arrancaba y no supe cómo reaccionar. Cuando percibí que el viento no iba a cambiar apreté el botón del sistema de seguridad y la vela cayó al agua”, recordó.
La vela unía a Facundo por una cuerda y para él fue una gran lucha poder alcanzarla. “El viento la elevaba y más mar adentro me metía”.
Cuando Medina pudo alcanzar la vela y subirse (la vela tiene un contorno inflado), sintió un poco de calma, aunque la mitad inferior de su cuerpo permaneciese en el agua.
“Pude recostarme y reponer fuerza. Tenía el chaleco salvavidas colocado y eso me daba también tranquilidad. Pero para donde miraba veía agua, y la costa era una finita línea. El sol se escondía, la noche caía”, dijo Facundo.
Sus amigos habían logrado regresar a la playa y sabía que darían el alerta a Prefectura para que lo busquen.
La noche y los miedos a tiburones y pirañas
La noche cayó y los miedos se apoderaron de Facundo: “¿Me atacarán tiburones o pirañas? ¿Aguantara la vela sin hundirse? ¿Me rescatarán antes de que me muera?”, eran sus interrogantes.
El cansancio venció al naufrago y se durmió flotando en el mar y ante un cielo estrellado. A minutos del amanecer, Facundo se despertó. Ese jueves 28 de diciembre le trajo una luz de esperanza: el viento había cambiado y soplaba hacia la costa.

Además, el entonces joven de 25 años, notó que el agua era marrón, como el chocolate, por lo que se dio cuenta que navegaba en su balsa improvisada en el río de la plata.
Espejismos, barro, cangrejos y tábanos
“Elevé un poco la vela para acelerar la llegada a la costa. Y en el trayecto vi espejismos: observé altos edificios cercanos, pero en un abrir y cerrar de ojos, desaparecieron. Lo mismo con unos palos de luz”.
Ya pasadas un par de horas el mediodía de ese jueves, Facundo descartó que lo que veía era una alucinación. La costa estaba cerca y también una nueva y desafiante odisea.
“En lugar de arena, era barro y al bajar de la vela me enterré hasta la cintura. Avancé de a poco, con la ayuda de la balsa improvisada y con un miedo bárbaro: me rodeaban miles de cangrejos”, recordó Facundo.

A duras penas, con las plantas de los pies lastimadas por los restos de cangrejos muertos que pisaba, el naufrago llegó a tierra firme. La segunda noche como desaparecido iba a comenzar.
Facundo formó una carpa con la vela, pero el frío y los tábanos no lo dejaron dormir. El panorama seguía siendo bravo: costa de barro repleta de cangrejos y tábanos, y unos metros tierra adentro un pajonal espeso de dos metros de altura.
Para disminuir la cantidad de picaduras de los insectos, Facundo se cubrió con barro.
Nuevo amanecer, la aparición de un jabalí y pescadores salvadores
Ni bien amaneció, Medina comenzó a caminar por la costa, hundiéndose en el barro. “Atravesé tres canales y por suerte ese día el río no creció”, recordó.
En medio de la dificultosa caminata surgió del pajonal un inmenso jabalí. Facundo se puso en alerta ante un posible ataque. No tenía armas para defenderse. Por suerte el animal volvió a perderse en la maleza.
El entonces joven de 25 años había sido un boy scout desde los 6 años y sabía que para que lo pudieran rescatar tenía que prender fuego.
Como a unos tres kilómetros un barco de pequeñas dimensiones navegaba. Eran pescadores con redes. Pero a Facundo no lo vieron.
“Para prender fuego recordé que podía hacerlo con un vidrio transparente y cóncavo y leña fina seca, aprovechando los rayos del sol”, señaló Medina.
La lucha con los tábanos y los movimientos para sacárselos de encima no lo dejaban prender la fogata. En ese desafío extenuante se encontraba cuando advirtió que el barco pesquero se acercaba a la costa.
«Acá estoy, acá estoy«
“Empecé a gritar, a mover los brazos. Aún no sabía si me habían visto o encaraban para uno de los canales”, contó. “Acá estoy, acá estoy”, eran los gritos.
Jorge, un pescador de unos 70 años, acompañado de un pibe, en el barco “La Cristina” llegaron a su encuentro. “Yo lloraba y no sabía cómo agradecer que me hayan encontrado”.
“Yo estaba hidratado. Había tomado agua de las botellas que de entre la mugre encontré en la costa. Y la verdad es que el hambre no había sido una dificultad. Si estaba cansado”, reflexionó.
Jorge preguntó si podía acompañarlos a revisar un par de redes. “Por supuesto”, les dijo Medina.
Las redes vacías aceleraron el regreso al puerto de San Clemente del barco La Cristina. Cuando agarró señal el Nokia 1100 del pescador, Jorge le avisó a la esposa que “habían encontrado al pibe que estaba buscando la Prefectura”.
Cinco minutos después, alguien de Prefectura llamó al celular del pescador. La pregunta fue dónde habían hallado el cuerpo de Medina. “Qué cuerpo. Acá está con nosotros, comiendo galletitas con paté”, fue la respuesta.
La madre, contendida por el SPB y él se convirtió en instructor
La madre de Facundo estaba en el puerto y fue parte del encuentro. Ella había estado contenida por personal del SPB. La alegría fue inmensa.
“En Prefectura me dieron unos sanguches y jugo. Lo que me dolía eran las plantas de los pies”, recordó Facundo.
La experiencia vivida no dejó traumas con el deporte. A dos semanas de aquel episodio extremo, Medina volvió al río a practicar kitesurf. Luego se convirtió en instructor.
“Al año de mi rescate lo llamé a Jorge para agaradecerle de nuevo. Pero luego perdí el contacto. Se ve que cambió el número. Él vive en San Clemente y siempre lo tengo en mi memoria«, concluyó.
