Conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio en el SPB
La Plata, 10/09/26.- En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, desde la Subdirección General de Gerenciamiento Asistencial y Tratamental, dependiente de la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del Servicio Penitenciario Bonaerense, se destaca la importancia de la escucha, la prevención y la conformación de redes de apoyo, dentro de las acciones destinadas a promover la concientización, acompañamiento y asesoramiento a los equipos penitenciarios.
Hablar de prevención del suicidio en este ámbito implica asumir una responsabilidad y reconocer que en cada persona privada de la libertad y en cada agente penitenciario existe una historia, emociones, vínculos, preocupaciones y circunstancias, que pueden generar momentos de profunda vulnerabilidad.
En este sentido, escuchar atentamente puede ser una forma de cuidado, y a veces, una manera de tender la mano antes de que sea demasiado tarde. Detrás de un silencio prolongado, de un aislamiento que se vuelve cotidiano o de una conducta que la institución apenas alcanza a registrar como un problema, puede habitar un sufrimiento que todavía no encontró palabras para decirse. Por eso, generar un espacio para que alguien pueda hablar, ponerle nombre a aquello que lo desborda y encontrar del otro lado una presencia dispuesta a escuchar activamente, es mucho más que habilitar una conversación, es romper el muro del aislamiento y construir un puente hacia el otro.
Prevenir no siempre comienza cuando aparece la crisis; muchas veces empieza mucho antes, en ese instante casi imperceptible en que alguien deja de sentirse invisible, cuando una mirada reconoce, una voz pregunta, alguien permanece y aquello que parecía imposible de contar encuentra, finalmente, un lugar donde ser dicho.
En este camino, la Subdirección General de Gerenciamiento Asistencial y Tratamental desarrolla una tarea fundamental a través de charlas de concientización, acompañamiento y asesoramiento a los equipos penitenciarios, fortaleciendo herramientas para la localización temprana de situaciones de riesgo y promoviendo abordajes coordinados, interdisciplinarios e interinstitucionales, en el marco del Protocolo Elizabeth.
Ese es, precisamente, uno de los sentidos que orientan la tarea institucional, hacer de la prevención una práctica cotidiana, capaz de anticipar, detectar e intervenir con precisión, articulando las dimensiones asistenciales y tratamentales, para que cada situación encuentre una respuesta adecuada, humana y oportuna.
Prevenir también es construir redes, allí donde el encierro tiende a levantarlas, generar presencia allí donde aparece la soledad y ofrecer herramientas, allí donde el sufrimiento amenaza con clausurar toda posibilidad; y en ese trabajo las palabras pueden convertirse en abrigo: un abrigo que no niega el dolor, pero que permite atravesarlo acompañado; que no resuelve todas las heridas, pero puede impedir que una persona quede sola frente a ellas.
